sábado, 29 de octubre de 2011

El constructor de Piramides


Algo tiene la historia del Antiguo Egipto que nos inspira tanta curiosidad. Creo que está en gran medida provocada por los testimonios que nos quedan de su sofisticada civilización, por la belleza de sus monumentos a  medio camino entre la historia y la leyenda y sin embargo, son numerosas las fuentes que se conservan y que nos proporcionan detalles de todos los aspectos de la vida de los antiguos egipcios. 

Son muchas las novelas históricas ambientadas en esta época, pero pocos escritores pueden alardear del rigor que usa  Santiago Morata para trasladarnos a esta fascinante civilización y recrear sus  detalles mas nimios. 

El constructor de Pirámides nos conduce  al principio de la época de las pirámides, a la IV dinastía allá por el 2600 a.c. El argumento gira en torno a   la búsqueda de  la imortalidad para el faraón, a  los primeros  logros exitosos de las técnicas de embalsamamiento y  los tanteos  y el hallazgo de la formula en la construcción de las pirámides.  De las pirámides tal y como hoy las conocemos  y soñamos,  que  constituían la ultima morada  para la eternidad y  uno de los medios para conseguirla. 

Cuando leemos el El constructor de Pirámides,    somos conscientes de la veracidad de la historia por el detalle de las descripciones de ritos y de  ceremonias, de los pequeños matices  de la vida cotidiana presentes a lo largo de toda la novela, Pero es que es mucho más, es la misma trama, las aventuras y sus protagonistas,  lo que sentimos como episodios salidos de la imaginación de un escritor del siglo XXI, lo que de repente  se nos revelan como  episodios documentados con el rigor de historiador a los que un   creador de historias les ha dado  una nueva vida,  una   vitalidad  moderna y  apasionante en lo que es una forma de sumergirnos  en una sociedad separada de nosotros  mas de 4500 años y una novela de acción que no nos deja de la mano, y nos invita a conocer a unos personajes que respiraron y vivieron de verdad. 

El autor ha sabido  moverse entre territorios vacilantes de la memoria documentada,  construyendo una aventura  que pudo ser posible, que  se apoya en hechos y en logros  reales y   confirmados.  Los personajes cobran vida  poseyendo los rasgos de sus  sombras  del pasado,  sus ambiciones, sus  sueños,  sus deseos. Dentro de  unos esquemas fieles, hay un abanico de posibilidades para  rellenar las lagunas, con amores, pasiones, odios, ambiciones, venganzas y fidelidades y eso es lo ha hecho Santiago  para conseguir  transmitírnoslos reales y cercanos sin perder nunca  la parte de verdad  en la que se inspira.  

La carga de documentación no pesa en la lectura, se hace amena  al integrarla en una trama apasionante. En un ejercicio de imaginación da respuesta  plausible a  misterios que la arqueología no ha sabido  interpretar,   pero que  resultan creíbles. 

Tiene además Santiago el acierto de proporcionarnos  la información de los episodios y personajes que, documentados,  ha novelizado, y presentarnos las fuentes a las que ha recurrido. 

La historia y mas la que nos resulta tan alejada es difícil de  verficar, al fin  y al cabo la  conservan los vencedores, y hay matices que nunca podremos saber si son tan solo la revancha de quienes  fueron vencidos en su tiempo pero sobrevivieron a ella,  acabando por triunfar en la memoria. La imagen de un Keops   cruel y  soberbio, nunca sabremos si es una venganza de una casta desposeída de poder o simplemente  se corresponde con la verdad.   Nunca sabremos si  los episodios que se narran fueron veraces o  exagerados, pero lo que si es cierto, y eso nadie puede  hurtarlo, es que están documentados así. Y así asumidos los ha  revivido el escritor para proporcionarnos a los lectores un material con el que soñar mientras  acompañamos a toda una galería de protagonistas por los avatares del pasado.

Es en definitiva, una estupenda novela para viajar al mundo apasionante de los antiguos egipcios, para disfrutar de las peripecias de hombres hechos a si mismos con ayuda del destino y  para relajarnos  mientras  aprendemos como vivía  y a que aspiraba una  humanidad que solo cambia de costumbres pero con un alma  común a la nuestra.

martes, 25 de octubre de 2011

El salario del miedo



El miedo. Está ahí, sólido, presente y estúpido, no hay manera de escapar. Fuego en el culo, y no poder correr. Solo que el miedo se puede rechazar; una carta de recomendación para el Diablo, y se rechaza. Pero sigue esperando en el umbral. Se acomoda detrás, en el tanque de nitroglicerina, y acecha desde allí. Se lleva bien con esa sopa de muerte repentina. Como un par de gatos, una pareja de tigres que fingen dormir para elegir mejor el momento. Pero, si el explosivo salta primero, El miedo se verá burlado, tendrá que irse con las manos vacías, habrá llegado demasiado tarde. Y sin embargo allí está, agazapado a tu espalda, con las ruedas traseras bajo su vientre de animal azul, de verdadero apocalipsis; allí está, dispuesto a saltar.
EL salario del miedo es una de esas novelas que va asociada de forma inseparable  a la película  que inspiró  en 1953 a Henri Georges Clouzot y  protagonizó Yves Montand.  Su autor,  Henri Girard, que escribe esta novela con el seudónimo de Georges Arnaud, merecería el mismo una novela sobre su vida. El salario del miedo tiene un componente  autobiográfico que fue la base para escribir esta historia apasionante. Hijo de buena familia, con un pasado oscuro,  durante una temporada vivió un contexto muy similar a la de los aventureros descarriados de esta aventura, ejerciendo entre otras la profesión de camionero.

La  novela y película son magníficas. Sin embargo, creo que es imposible captar todo lo que contiene  en su adaptación  a la pantalla. Hay en ella mucho sugerido, mucho matiz a descubrir, en la construcción de ese mundo degradado y marginal, poblado por exiliados que vegetan sin esperanza en esa extraña comunidad de lumpen en el poblacho de las Las Piedras. Hombres que han huido de delitos en  momentos de crisis  personales, ahora   ya no tienen más esperanza que escapar a costa de lo que sea,  vegetan  a la espera de un golpe de suerte que los saque del infierno del tedio.

Con una anécdota mínima,   el texto contiene una enorme  cantidad de facetas que no se agotan en una sola lectura, que  dan a la historia   una gran variedad  de interpretaciones y lecturas según la clave con la que la miremos.  

Una compañía petrolífera necesita llevar a un pozo,  que se ha incendiado en mitad de la selva, un camión con nitroglicerina para apagarlo. El traslado del inestable explosivo  es una muerte segura para quien se arriesgue a transportarlo a traves de carreteras  llenas de obstaculos.  Para ello, contrata entre un grupo de desesperados refugiados europeos,  a los choferes de dos camiones  que deberan llegar en un tiempo limite al yacimiento   en un viaje en el  que cualquier contratiempo provocará el desastre.  Sus vidas no importan a los ejecutivos de la empresa americana, solo la misión.  Por eso es entre los deshechos humanos,  hombres prescindibles,  donde buscaran a los conductores. Es la última oportunidad  que tienen, su  única esperanza la para la huida, aunque esta sea  siempre acompañada de la muerte como copiloto.

No hay más en la trama principal, solo el viaje infernal, su carga de muerte y  los obstáculos del camino.  Y un destino inevitable.


El lugar en medio de la nada, en el que viven estos apátridas, transpira esa sordidez de los desesperados, la brutalidad de las grandes empresas petroleras, el racismo y la soledad de unos hombres que se limitan a sobrevivir con la esperanza puesta en salir de esa  prisión personal a la que han llegado por error. Este ambiente de desolación y marginalidad, estos hombres poseedores de todos los vicios, separados apenas por una fina línea tanto de los triunfadores que son los directivos de la multinacional, como de los nativos del pueblo,  a los desprecian con la superioridad de los blancos en un mundo subdesarrollado, estan dibujados con una maestría y sobriedad que atrapa desde el primer momento. Los personajes se mueven entre el alcohol y la droga, entre el sexo mercenario de mujeres también derrotadas, grotescas y  la violencia que brota  en discusiones absurdas, entre alucinaciones provocadas por paraísos artificiales o por el cansancio y el stress de la impotencia, y que mas tarde,   que adquieren matices proféticos. La muerte que ronda entre los tragos y acompaña en  los caminos.

Sorprende que una historia tan claustrofóbica, tan agobiante, se lea tan fluida,  atrape desde la primera página sin decaer, que sea tan fácil pasar de los matices mas  canallescos a los mas épicos. 

El universo femenino esta al margen, es un mundo de hombres.  La mujer aparece solo cosificada, es  una moneda de cambio o  una huida momentánea. El protagonista sobrevive gracias al único ser hermoso que aparece y que es su animalillo, a la que usa como moneda de cambio, pero poca más entidad adquiere fuera de esa pasión desmedida que siente  por un chulo  que solo se crecerá ante  la esperanza construida sobre el miedo.

Porque lo que domina todo el relato es el miedo: a quedarse anclado en la cloaca que es el poblado en el que cada uno saca lo peor de si mismo,  que provoca toda serie de sensaciones: pánico, subidon de adrenalina. Es el enemigo a vencer, siempre presente, siempre viajando en asiento de al lado. Ese mismo terror que mantiene a los personajes en el limite,  convierte en héroe de tragedia clásica  a un Gerard que es un  ser sin sentimientos. Le empuja a ver como  su espíritu depredador, que tiene solo el objetivo de conseguir llegar y obtener así su billete  para escapar,  se convierte en el motor para trascender y elevarse por encima de los otros personajes. Porque solo él es capaz de superarlo y de usarlo como alimento para conseguir su objetivo arrasando con todo lo que se pone en el camino. El miedo convierte al camión en un ser con alma, con voluntad, lo dota de la personalidad que arrebata a los hombres que lo conducen, es un Dios que todo lo domina.

Hay un fuerte contraste entre lo sórdido de la situación y una suerte de vuelo lírico con rasgos surrealistas en la forma que da a la narración un tono de epopeya casi mítica.  Es la lucha contra el destino cierto, el hombre frente a lo inevitable. 

Me parece una de esas novelas que una vez la conoces se convierte en esa suerte de biblioteca íntima y en un clásico imprescindible.


miércoles, 12 de octubre de 2011

Un rey sin diversion - Jean Giono



En el invierno de 1843, la región de Trièves, en la Provenza, permanece sepultada bajo la nieve. En un pequeño pueblo de la comarca empiezan a producirse una serie de misteriosos sucesos: una muchacha desaparece; un joven es atacado; un cerdo mutilado. La primavera llega cargada de cadáveres. Los lugareños, atemorizados, deciden recurrir a los gendarmes, y estos llegan al pueblo capitaneados por un enigmático individuo, Langlois, que pronto se revelará capaz de llevar a cabo los actos más monstruosos y crueles, y también los más compasivos. Un rey sin diversión es un relato hipnótico, oscuro, sensual, provocativo, que constituye un canto a la naturaleza en su dimensión más salvaje, que es también la más hermosa.

Este resumen argumental es solo el punto de partida de lo que en realidad es una vieja historia   en  una comunidad aislada en un entorno rural que  se convierte en mito local.

El bosque, la naturaleza misteriosa reina en un relato, de toques casi mágicos, donde la vida sigue sus ciclos, y las estaciones condicionan el ritmo y los personajes se ven acogidos por ellas. 

Con un estilo muy descriptivo, con pinceladas impresionista que impregnan los sentidos de olores, de colores, de tactos y que dota a las inclemencias del tiempo de una entidad casi humana, consigue sumergirnos en ese entorno envolviéndonos.  La emociones, las sensaciones, las tonalidades del bosque, de la nieve, el sonido  del zumbido de los insectos y el bullir de la vida del bosque, pero también la soledad y el aislamiento.

Los pocos acontecimientos que suceden y que nos son transmitidos adquieren a los ojos de quienes nos lo cuentan la talla de gestas heroicas, engrandeciendo unas anécdotas  que son miradas con unos  ojos de los dotan de la grandeza de  una tragedia inexistente y a la vez desdramatizan los acontecimientos más oscuros.

El ritmo es muy ágil sin embargo, pese a que curiosamente lo que predomina en todo momento es el paisaje del bosque y de los sentimientos. Las sensaciones que transmite se vuelven se vuelven casi físicas.

No es un libro para quienes busquen una historia con desarrollo convencional, el puzle de  las pequeñas anécdotas están cargadas de poesía, con una evocación popular, pero de una enorme belleza en su sencillez que está perfectamente transmitida con un tono que oscila entre el recuerdo idealizado, toques de humor popular, y un realismo que acerca los hechos sin disfrazarlos ni justificarlos.

La trama es mínima, abundan las descripciones, los personajes son magníficos, la historia queda oculta a medias por una suerte de sobreentendidos que se construyen a base de una complicidad con el lector buscando una especie de fotografía difuminada por el tiempo y el paisaje. Y es que es ante todo una novela de personajes, de paisajes, de recuerdos compartidos con nostalgia.

En ese mundo aislado de pequeño pueblo entre las montañas, de ambiente rural en que todos espían los secretos de los demás, no hay  descubrimientos oscuros, ni sentimientos perversos. Aquí hay color, y el paisaje huele y cruje y los habitantes del pueblo  tiemblan ante el acoso de las fieras que los amenazan, pero están decididos a acabar con ellas en comunidad, con el valor ingenuo del que conoce el terreno y sigue a un autentico lider de hombres. Son solidarios y se protegen entre sí y cuidan unos de otros  con gestos desmañados, con la rudeza de la gente del campo, pero es una comunidad unida.  La maldad esta fuera y les cuesta entenderla, no hay ningún  tipo de sordidez ni de oscuros secretos, solo pequeños cotilleos y los pecadillos conocidos son entendidos. 

Si hay un protagonista al que todos admiran y respetan,. Un hombre que se impone con sus silencios y con sus acciones que vela por la pequeña comunidad en solitario. Solo él conoce sus proyectos y sus motivos. Langlois,  es  hermético y solitario, un  héroe de acción del que todos quieren saber, pero al que todos respetan. Un héroe que se impone en la memoria colectiva, pero que al final es solo un hombre solitario y perdido. 

Es una lectura deliciosa y relajada, que nos deja un halo de melancolía cuando acaba. Un poquito de tristeza sosegada.