sábado, 23 de febrero de 2019

Corazón que ríe, corazón que llora, Maryse Condé



Maryse Condé 
Corazón que ríe, corazón que llora 
Traducción de Martha Asunción Alonso 
Editorial Impedimenta
 ISBN-13: 978-8417115999
178 pags 



A veces sientes un flechazo ante la portada de un libro, si al final surge el amor, hay un horizonte nuevo en tu vida que ya no te abandona. Me declaro fan de Maryse Condé con esta única lectura Acabo de terminar Corazón que ríe, corazón que llora, y ya lo echo de menos. 

 
Con una mirada entre melancólica y ferozmente sincera, es  una autobiografía, una mirada a su despertar a la vida, que finaliza con abandono de la adolescencia y entrada a la edad adulta. El tono de  las anécdotas  elegidas para ser relatadas, oscila entre lo jocoso y la crudeza de un recuerdo que no tiene piedad ni con los demás ni con ella misma. No oculta una realidad que llena de confusión, a la pequeña protagonista y a la joven en la que se convierte, construida de pequeñas vacilaciones y sospechas. La identidad de la negritud en sus diferentes matices, la de las sociedades mestizas en las que las razas no mezclan. Permanecen en estratos firmes e impermeables, de lo que poco a poco va siendo consciente a través de pequeños acontecimientos apenas significativos, pero que quedan ahí, creando un sustrato que construyen una personalidad inconformista y siempre curiosa, critica implacable de sus padres y sobre todo de si misma.

Creo que cada lector llega  en su lectura a un libro diferente, llenándolo de los matices que surgen de su propia identidad. En este caso es muy fácil sentirte identificada con la rebelde Maryse-niña, con la extrañada Maryse-adolescente, enfada con un mundo que se encuentra incomoda, en su propia familia a la que llego por accidente, y en el espacio que se ha construido para ella. Acompañando ese despertar a una conciencia racial que se le pretende hurtar en sus orígenes, la realidad de familia pequeño burguesa que adopta maneras de los amos coloniales. En el hogar familiar viven sus pequeñas anécdotas cotidianas, las de cualquier familia, en cualquier lugar del mundo, porque son intercambiables. Una niña rebelde que hace gamberradas escapando por las rendijas de la estricta disciplina que impone la madre dominante y controladora.

A la vez la protagonista va despertando a la vida y lo describe desde la madurez de la escritora culta y prestigiosa, pero con la ingenuidad de la infancia recordada: La vida se confirma con sus primeras experiencias: la muerte, los primeros escarceos sexuales, la sorpresa del espectáculo de un parto doloroso del que es testigo, la naturaleza exuberante y la gran ciudad. La libertad y el despertar a la vida adulta. El sentimiento de pérdida infinita, el de la madre y del hermano los pilares de su infancia, que la dejan a la deriva.

Acompañando a la niña me siento unida a ella,  con una sonrisa mientras leo: esa amarga experiencia de una acampada, los comportamientos retadores en la escuela,  las aficiones a fabular y hasta con sus fobias literarias. De su mano he sentido la afinidad de sus historias con las que se contaban en mi familia materna, de aquellas infancias embellecidas de familia, también numerosa. Maryse podía ser mi madre pelona y valiente, o podía ser yo, cuando el miedo y los complejos de niña rara se mutaban en insolencia y desparpajo, venciendo esa distancia de sociedades, y ese otro tema que fácilmente aceptas como propio, la racialidad y su descubrimiento, que puede sustituirse por el despertar a una conciencia social en esos mismos momentos, emocionales y vitales.

Gracias a la Editorial Impedimenta por descubierto a otra gran escritora a la que seguir.