jueves, 10 de septiembre de 2009

La campana de Cristal, Silvia Plath



Sylvia Plath, es una de esas escritoras que se han convertido en mito: bellísima, inteligente, reconocida en vida como una escritora brillante, y muerta joven, un suicidio que la eleva a la gloria.
Ha sido entronizada como un símbolo feminista, pero lo cierto es que sufría un trastorno psiquiátrico, era en definitiva una enferma mental tocada por el genio.
La campana de cristal es una novela semibiográfica, tal vez nos dé la clave para entenderla, pero en todo caso, es una novela magnifica.

La ilusión A rastras crujen sombras negras.
Comienza la narración, presentando a su protagonista, Esther una estudiante brillante, que parece no encajar en ningún sitio, que se resiste a ser los que los demás esperan de ella, aunque sea esto un futuro prometedor, para ir deslizándose a poco a poco en una espiral que nos permitirá descubrir su enfermedad, de repente sin esperarlo.

Pequeñas excentricidades de una chica sensible, que podrían explicarse por una personalidad libre, con un abrumador sentido crítico, que quiere escapar de los convencionalismos. Poco a poco mediante gestos cotidianos algo maniáticos, va dando pistas de la situación emocional de Esther. Con comentarios banales sobre como come de forma compulsiva, como trata su ropa, o la forma de describir las situaciones dramáticas que vive de forma aséptica y lejana. Esta narración de episodios puntuales va desembocando en una personalidad desquiciada y obsesiva, sin esperanza, sin metas ni alicientes. Nos va conduciendo desde un personaje con el que es fácil empatizar a una chica llena de obsesiones y asolada por la locura.

Una locura vista desde fuera, de manera impersonal, como si fuera un personaje cuerdo que describe a su otro yo. Los gestos que se apreciarían desde fuera y que la identificaría como lo que es, son obviados, para aparecer más tarde como leves referencias en boca de otros personajes, observados por la misma protagonista. Pinceladas: una conversación entre la madre y la psiquiatra, su actitud ante la higiene personal, nimiedades que poco a poco nos introducen en el transtorno de la protagonista desde su propia lógica hasta darnos cuenta de forma brusca de lo que le sucede.

El estilo es directo y simple con un gran contenido lírico que enmascara las emociones de la protagonista y te hacen participe y cómplice de sus esperanzas y frustraciones, de sus fobias y de su ambiciones, que llegan a parecerte unas reacciones algo excéntricas pero completamente aceptables. Hasta que de repente hacia la mitad de la novela te das cuenta que te enfrentas a una personalidad enferma e incontrolada.

La forma de contar te atrapa. No sigue una línea temporal, sino que hay continuos flash back, en los que se vuelve a anécdotas del pasado. Las situaciones más emotivas o de tensión dramática, como el intento de violación, la descripción del estado de depresivo de la protagonista, en la que nos vemos sumergidos de golpe, las alusiones a relaciones sexuales, los reiterados intentos de suicidio…. están contadas con una perspectiva de distanciamiento que deja traslucir esa doble personalidad bipolar que dicen que la misma Sylvia Path padecía

Sin embargo es tremendamente lucida en muchos aspectos, aun en sus momentos más difíciles. Esa feroz ambición de independencia esta siempre presente. La época en la que se ambienta, los Estados Unidos de los años 50, tenía unas perspectivas vitales muy limitadas para las mujeres, tal vez muy lejos de las que tenemos en nuestra sociedad, pero sin embargo siguen estando, de alguna manera, plenamente vigentes. En principio esas obsesiones, esa resistencia a aceptar lo obvio, lo que se espera de ella, la rebeldía ante la monotonía de la vida cotidiana a la que no se adapta, es lo que nos hace sentirnos tan cerca de Esther, creo que de alguna forma muchas mujeres las hemos vivido y como ella nos hemos sentido muy cerca de esos sentimientos que describe.

Creo que es una de esas novelas que deberían tener una lectura, cuando se esté próxima a la edad de la protagonista para poder sentir esa identificación inicial que inspira el personaje, y sufrir el golpe emocionad de sentirnos introducidos de golpe en esa locura brillantemente perspicaz.

He leído el libro con una cierta reserva, ya que he visto opiniones que dicen que la traducción Edhasa es muy mala y pierde casi toda la fuerza poética del texto, y aun así he sido y incapaz de soltar el libro, y cuando lo he hecho, he estado constantemente volviendo a pensar en el . ¿Cómo sería si se dejara ver además de la intensidad de la historia el estilo de la narración?, tiene que tener una fuerza enorme. Es en obras como esta cuando mas echo en falta saber inglés.

Tal vez sea que todos vivimos en nuestra propia campana de cristal respirando nuestro aire viciado que construye nuestra visión del mundo.

No hay comentarios: