lunes, 27 de diciembre de 2010

Warlock, Oakley Hall




Warlock, es una ciudad de la frontera, una de esas pequeñas ciudades del oeste que crece y se desarrolla desde los campamentos mineros y ranchos ganaderos, en la periferia de la civilización del Oeste americano. La narración la describe justo en el momento de su salto de poblacho a pequeña ciudad que apuntala sus instituciones.
Desde el principio te transporta a escenarios clásicos del western con personajes típicos, pero tiene ese noseque que queseyo. La voz narrativa y el ritmo sobre todo que le da un aire muy atractivo. Nos describe la situación imposible de la ciudad con alusiones a referencias de las que ningún aficionado al género puede escapar.
No hay novedad en el lo que cuenta pero el cómo, es impecable.
Creo haber leído de cría algún Zane Grey y sobretodo montañas de Marcial Lafuente Estefanía, en esas cadenas de intercambios de libritos en los que en los colmados de barrio o de pueblo convivían con las legumbres, los embutidos y las conservas. Tiene toda esa atmósfera, emotiva y melancólica que tanto me gustaba.
La historia comienza con un comité de ciudadanos que decide contratar a un pistolero, que ya es un mito, para poner coto a los desmanes de los caciques del pueblo. Y a la localidad llega el pistolero y su sombra, en una especie de simbiosis, como si de un desdoblamiento de personalidad se tratara, el bueno y el malo, la honradez y el maquiavelismo cínico que la contamina, la bondad en una lealtad inquebrantable y la bondad  y rectitud hecha hombre.
En el ambiente se masca la tensión, el polvo te llena la boca y te satura la nariz y el aire se carga de testosterona. Un olor acre a sudor y güisqui malo prepara el salón para el duelo y de una vez por todas saber quien los tiene mejor puestos, (los revólveres y las cananas).
Warlock es mucho más que una novela del oeste, es un fresco de una sociedad en construcción: los grandes caciques que sienten que son ellos la ley, las situaciones de vaqueros y de los mineros y sus condiciones de trabajo infrahumanas, el nacimiento del movimiento de los sindicatos en un contexto en el que no estamos acostumbrados, las situación de los enfermos y heridos en un pequeño hospital en este pueblo perdido al borde de la frontera con México.
Los malos no son solo malos, tienen una personalidad compleja con perfiles no tan planos como parece al principio. Y los buenos no son tan buenos, o al menos en esa ley del más fuerte hacen lo necesario para sobrevivir y vencer.
Los personajes van descubriéndose poco a poco. Sus matices solo se perciben al final del fresco que se va tejiendo con meticulosa paciencia.
Creo que lo tiene todo. Aunque tal vez fuera aconsejable el construirse una guía de personajes, y que además de ser muchos, con implicaciones muy distintas, aparecen citados con diferentes nombres: apellidos, nombres de pila, diminutivos, profesión,… desde diferentes puntos de vista.
Es curioso como esta sociedad va cambiando y se adapta, vuelve la espalda a lo conseguido y a sus héroes. Quiere que estos sean meros autómatas en las manos del poder y luego deshacerse de ellos inmediatamente o arrinconarlos en el trastero de sus conciencias.
Junto con el argumento que describe los conflictos, salpican el relato reflexiones sobre la justicia, el valor del hombre, el orgullo, la ley, la libertad, el deber, lo inevitable, la venganza, … la novela se llena de un contenido mucho más trascendente que lo que aparentemente exige el tono narrativo de una novela de aventuras.
Nada es blanco o negro: el juez representa una visión fría y letal de la ley, Blaisedell cumple con las normas establecidas, hace lo que debe, pero siente remordimiento ante la perspectiva de la duda que le ha sembrado en el juez  borrachin y lisiado, metafora de una justicia ciega al margen del individuo. Johnny Gannon se siente en medio de una situación inevitable, es en esencia  un hombre justo en medio del huracán. Carl Schroeder, es el sentido común, el ansia por la paz social y la justicia en su sentido práctico, la del hombre normal, que quiere vivir en paz. Están en medio del conflicto de intereses, de la sociedad de ciudadanos de Warlock, manipulados por los propietarios de las minas, de los grandes terratenientes que quieren imponer su ley amparándose en la libertad del individuo.
En este contexto,  el cínico y amoral Morgan, leal a Sheriff hasta límites insospechados para todos, el hombre que representa lo único autentico y real, que reconoce en su vida, Es un personaje complejo siniestro pero que hará lo necesario para proteger a su amigo. Extraña relación la que se dibuja entre estos dos personajes, y reproducida casi de forma paralela entre el general Peach decrépito y loco y su mano derecha el coronel Whiteside.
Formalmente la estructura alterna la narración convencional en la que los personajes de van definiendo por sus acciones, conversaciones y la voz del narrador neutral, la del Diario de un personaje secundario mero espectador que va dando su interpretación de lo que pasa, de los personajes, de cómo va cambiando la situación en la ciudad en función de los acontecimientos, que no necesariamente coincide con lo que son y transmite el narrador, las declaraciones de los testigos de los enfrentamientos, que dan una imagen fragmentaria desde su subjetividad de los sucesos. Mantiene ese delicado equilibrio entre una novela de acción de pura y dura, la descripción costumbrista de unos personajes atípicos y tópicos a la vez y buena literatura con un mensaje mucho más profundo. Es una novela que puede leerse desde diferentes puntos de vista y objetivos lectores sin defraudar.
En un territorio salvaje con leyes difusas, el individuo esta condenado a la soledad y al destino en el esquema de una novela coral, en la que el perspectivismo narrativo cobra una importancia que da a la trillada línea argumental el matiz de un relato poliédrico y rico en matices.
Los ejemplares ciudadanos tienen su ley, el pistolero-sheriff impone su justicia, y el narrador que los representa se siente asqueado, siente que la justicia del dios vengador “gobierna un mundo que no se merece”, La subjetividad de lo que narra lo convierte en el representante de esa parte de la sociedad que quiere la paz a cualquier precio, pero que luego le repugna lo que los otros hacen en su nombre.
No se conoce la verdad, no sabe quién es el héroe ensalzado y vuelto a rechazar una y otra vez, ese guiñol que hace lo que le piden y cuando lo consigue es arrastrado por la conciencia de quienes lo utilizan por el fango humillándolo con sospechas, por los remordimientos de sus propias expectativas que quieren que otros carguen con sus culpas y que encuentran en la duda la descarga sus remordimientos. Almas cobardes e hipócritas.
Todos manipulan todos quieren imponer sus intereses, pero pocos son íntegros a sí mismos antes de actuar, y eligen libres de ataduras y prejuicios, o por deber: Morgan, tal vez es el único que tiene la visión del fresco al completo y no le importa lo que los otros decidan o hagan o piensen, por eso le temen y le desprecian. Es el elemento al que se acude para justificar el rechazo a los héroes una y otra vez: Blaisedell y Johnny Gannon. A él acuden también las dos mujeres para defender a sus hombres: el Ángel de Warlock, la señorita Jessie (que magnífica descripción, dura y sin piedad, hace de ella el Doctor y sin embargo que enamorado esta de ella, la única nota discordante exceptuando como la ve Morgan), para que proteja a comisario-pistolero y Kate Dollar, (la perdida, la mujer  fatal ex prostituta  a la que eleva moralmente sobre la santurrona , que tratandose de manipular y  conseguir su voluntad, se lleva la palma, aunque no con Morgan), para proteger a Gannon. Yo también prefiero a la mujer real, la vital, la que odia y ama a lo real, a  Kate y no a  la que solo ve los mitos, la que por amor es capaz de cualquier cosa. No consigo empatizar con Jessie, la mujer de rompe y rasga, sacrificada y valiente, La siento tal y como su creador la ha inventado, una mujer sin madurar, que se ve como la imagen que ha creado se si misma, artificial, y a la que solo con pequeños matices nos deja entrever entre la niebla del relato.
Es en esencia una buenísima historia desarrollada con paciencia, dosificando los conflictos que se suceden apenas solapándose, con personajes en claro oscuro y con giros inesperados.
Contiene todos los elementos típicos del género: los malos, los perversos, los jugadores, las heroína entregada, la mujer de mala vida, los sufridos ciudadanos, los vaqueros, los mineros, la caballería, los indios, el sheriff y el juez y los héroes: los pequeños, los grandes y los mitos.
Pero esta galería de personajes está trascendida por una trama más profunda, el dibujo del enfrentamiento de la justicia y la ley de la frontera, por la descripción de una sociedad que esta construyéndose a base de tanteos y de logros que perduran, de ciudades que nacen y mueren como experimentos fallidos. Es el concepto más global de una época de cambios, de una ética que fluctúa y que a veces se avergüenza de los medios que tiene para conseguir un bien, nada definido, eso si después de haberlo conseguido. Se insinúa, se sospechan intenciones. Nada esta contado de forma absoluta, dejando al lector el papel de construir una parte de lo sucedido en función de lo que este haya aceptando. Como la vida misma.
Es una novela con muchos niveles de lectura: si se busca solo la novela de aventura puede llegar a aburrir en algunas escenas, pero es en todo caso un fresco que trasciende géneros y tópicos.



2 comentarios:

Gabriel dijo...

Y es que los géneros, cuando trascienden las convenciones, consiguen que nos olvidemos de si estamos leyendo una novela del oeste, policíaca, histórica o lo que sea, simplemente escuchamos en nuestra cabeza el mensaje que creemos que el autor nos transmite.

Gracias por compartir tu punto de vista, Julia :)

Julia dijo...

Puede leerse en clave simbólica para poner en jaque también muchos conceptos y muchas ideas de la sociedad contemporánea a través de algo aparentemente digamos que folclórico. La imagen que da del ejercito es demoledora, es algo que cuando te lo planteas en clave de valores actuales es plenamente vigente.