martes, 1 de febrero de 2011

La Anticuarios de Pablo de Santis





Los anticuarios viven escondidos, rodeados siempre por objetos del pasado, en viejas librerías o en casas de antigüedades. No soportan los cambios ni el presente, son coleccionistas. Tienen la capacidad de evocar en los demás el rostro o los gestos de personas que han muerto. Han aprendido a controlar la sed primordial. Pero cuando se sienten atacados, vuelve el antiguo apetito.
A partir de un incidente, Santiago Lebrón quedará contaminado, convertido en un anticuario más, y mientras descubre los secretos de esa antigua tradición, conocerá el amor extraño, poderoso y perturbador que produce la sed de sangre. También deberá descubrir las estrategias para sobrevivir en un mundo hostil. Entre ellas, la obligación de acabar con la vida de aquellos que cedan a la sed, para que la tradición pueda continuar en las sombras. Pablo De Santis nos vuelve a deslumbrar, esta vez con una notable novela de vampiros ambientada en la Buenos Aires de los años cincuenta.


Una nueva y diferente recreación del mito del vampiro que son presentados esta vez como seres melancólicos, habitantes de espacios  repletos  de recuerdos nostálgicos e inservibles del pasado.
Es un relato iniciático, avanzado a modo de premonición en el capitulo prólogo, por una gotita de sangre que invita a ser lamida.

La vida transcurrirá para Santiago  Lebron, entre objetos viejos desde el principio, esas maquinas de escribir que comienza a reataurar cuando llega a la ciudad de Buenos Aires a vivir con su tío,  que  podría haber sido otro de esos personajes malditos que coleccionan y arreglan sus objetos  del pasado.  Es sin embargo la otra cara de estos seres, la realidad que, en el fondo, no es tan distinta de la parte  mas onírica que nos presentara la trama novelesca.

Lo veremos poco más tarde entre los redactores y las rotativas de un periódico,  como  colaborador e investigador de un oscuro departamento oficial de los de  que se crean con los fondos de reptiles en todos los gobiernos.

Los personajes viven obsesionados por preservar sus secretos, sus vidas solitarias  de la curiosidad, y controlar su sed, huyendo del ansia depredadora de  unos científicos  metodicos y criminales, asociados al gobierno.  Es una historia de evocación  de recuerdos (  dueños  de los recuerdos de los demás también son los Anticuarios),  que comienza y acaba en el mismo sitio, ante una maquina de escribir en una espera  inacabable a la que le ha conducido por casualidad una aventura que termina en  la soledad y avanza a la desesperación del futuro.

La melancolía es la esencia de Los Anticuarios, la falta de amor y su necesidad de vivir en soledad,  aunque alguno de ellos haya intentado buscar un amor convencional . Esta soledad los convierte en seres tristes y apagados. Hasta sus apariencias lo son,  personajes ajados, algo que la sed o el carmen les imprime en el alma, porque  viven de atesorar reliquias polvorientas. No sabemos de donde vienen, ni que los ha colocado  en las situaciones en la están. Son seres grises, apenas percibidos por los  demás,  seres oscuros, tampoco sabemos por qué en su búsqueda del anonimato y en el autocontrol  constante de sus pulsiones más intimas,  son buscados con inquina. Ni el amor , ni la obsesión por sus queridos trastos viejos, les salva. Mas bien son objetos que los mantienen anclados a  los lugares que habitan, mas bien esos objetos de coleccionista, los  esclavizan Tampoco es seguro la cualidad de lo que  les domina, lo que les hace inmortales mientras nadie les encuentre.  Si  están malditos o es una bendición lo que poseen. 

Es en todo caso una novela que entra dulce, lánguida en una tarde gris, que puede leerse de tirón, casi sin darse cuenta. El horror de los crímenes que dibuja es supervivencia y están trazados  de forma que los adivinamos más que conocemos,   como a través de una gasa sin que la sangre nos salpique. 

Creo que es un combinado justo de  tonos de nostalgia sepia, de violencia necesaria y acotada, de surrealismo, aderezado  con mucho amor a los libros, libros como objetos preciosos, con alma y vividos. Porque  la novela también habla de libros y de la  fiebre del coleccionista avaricioso. Todo ello con lenguaje poético, que consigue hacernos caminar entre las situaciones escabrosas como espectadores pasando de puntillas, apenas esbozando ramalazos de crueldad y de violencia, con imágenes preciosas  y frases para recordar.

1 comentario:

Andromeda dijo...

Me ha encantado la reseña, Julia, ¡esta variante del mito del vampiro tiene que pasar por mis manos!
Abrazos.