jueves, 31 de marzo de 2011

Memoria de la nieve - Marian Womack



Memoria de la nieve es una de esas novelas que tanto me gustan, en las que  los personajes  viven entre la nostalgia y los fantasmas. En un principio dudaríamos en  considerarla una novela, pero tiene unos protagonistas menos evidentes que los personajes de rasgos  humanos. Sus protagonistas son la soledad,  la desolación, el frió en el alma, y la nieve. Siempre la nieve como elemento catalizador de las soledades, y de las ausencias, de los fantasmas, del pasado evocado, del presente del que se quiere huir. La nieve, su presencia y su recuerdo que todo lo invade, su poder de trascender lo cotidiano, su capacidad para sembrar el vacío, para invadir  de soledad,  de crear universos paralelos y traslucidos que convierten a los seres humanos en sugerencia de lo que son y lo que fueron, marionetas de misterios trascendentes, de polvorientas historias, de pasados pletóricos de vidas intensas  que han quedado en colores desvaídos y existencias apenas intuidas. 
¿Cómo llego el archivista a su torre de marfil arrastrando una tragedia  apenas sugerida y otra que termina esbozada?, ¿quien es esa primera Olga?, ¿qué lleva  a Olga,  (la segunda si nos atenemos a la secuencia temporal ), a esa dacha solitaria?, ¿que niña la acosa y qué ve para huir?, ¿ por qué las niñas de la guerra se quedan en el frío y quien es niño de ese drama hilvanado?, ¿ qué conduce a Laura  hasta Robert y su tragedia?, ¿ y la Antártica? ¿qué sienten esos hombres solitarios condenados a exilio eterno?. La "nevasca" todo lo diluye, todo lo desdibuja y lo convierte en mito.
Se compone el libro de cinco escenas , de cinco  evocaciones temporales en las se recuerda y se reflexiona sobre el tiempo que fue, con inquietantes presencias fantasmales y realidades vividas entre la niebla, de forma casi onírica, construidas como su autora nos desvela al final,  a partir de experiencias reales que las atan como esos hilos de los  globos llenos de gas, que se escapan si nos descuidamos, acaricando la memoria de unos  prosaicos acontencimientos ,  las narraciones sobrevuelan los recuerdos, dando un tono de ensoñación poco ajustada con el gris de vidas anodinas,  con ambiciones cortadas  con patrones luminosos  que se quedan encarceladas por la inercia y las rutinas de unas vidas tristes . 

Queda el lector al final de cada capitulo con la duda,  con un terrible secreto apenas esbozado que no termina de distinguir con nitidez porque el frio y la nieve todo lo distorsiona y lo desdibuja. 

Es una prosa bellísima de imágenes imposibles y de realidades técnicas y eruditas, de verdades cotidianas de subsistencia y de reflexiones metaliterarias que se introducen el la peripecia de los personajes,  y que también ellas son protagonistas del relato. Sientes la necesidad de verbalizar el ritmo de discurso, de escuchar las palabra mientras las lees. Es un libro de lectura doble: una para paladear las palabras, otra para disfrutar del relato.

3 comentarios:

Andromeda dijo...

A mí también me gustan mucho estas novelas, Julia, por más que sean tan duras.
Tu reseña me sitúa en el ambiente desolador con ese protagonismo de tan amargos estados de ánimo. Transmites las sensaciones de tal forma que llegan muy hondo; esta obra debe ser estupenda.

Un abrazo.

Julia dijo...

Es preciosa, ya sabes que solo suelo reseñar lo que me gusta, lo que no me llega lo dejo colgado.

Hypathia dijo...

Paladear las palabras... Otro que añados a mis futuras lecturas, Julia. ¡No sueles errar el tiro!

¡Un beso!