viernes, 6 de enero de 2012

Uno de un nobel: Las casa de las bellas durmientes



Todo el mundo se queja de los grandes premios, a casi todos nos parecen injustos porque nuestros favoritos han sido descartados y el nuevo dios literario  nos resulta desconocido en un mundo en el que las literaturas de los eruditos son impermeables  desde sus países de origen,  eclipsados por los best sellers internacionales,

He estado repasando la lista de Premios Nobel de literatura y aun hay una buena cantidad de premiados que he leído y  unos pocos que tengo pensado hacerlo cuando mi estado anímico me acompañe. En el fondo me apetecería mas hacer una reseña sobre alguno de los que  no llegaron a serlo pese a estar  nominados una y otra vez.  Pero el compromiso es el compromiso.

He elegido  uno que llevaba mucho tiempo queriendo leer: La casa de las bellas durmientes, de Kawabata.

眠れる美女, Nemureru bijo 
 KAWABATA YASUNARI, EMECE EDITORES, 2011

ISBN 9789500433273


Siempre tengo asociados a Kawabata y a Mishima,    maestro y discípulo. Lo primero que leí de Kawabata fue Lo bello y lo triste en el último año de instituto. No recuerdo nada de la historia, ¡ han pasado ya tantos años  y era tan joven!, pero si recuerdo la sensación que me dejo: me pareció un libro bellísimo y delicado, de una sensibilidad lánguida y melancólica. Se lo regale a mi mejor amiga, una de  esas amistades que perduran toda la vida, aun hoy seguimos siéndolo. Intuyo sin embargo que no fue un regalo apropiado, porque mi querida amiga de instituto es hoy, y ya lo era entonces, una mujer de valores conservadores, que pertenece al Opus Dei,  así que no creo que  fuera un regalo bien elegido. Pero entonces yo tenía la tendencia al proselitismo y no me planteaba esos detalles. La desafortunada idea de hacer un regalo inapropiado  me separo del libro que no volví a recuperar hasta hace relativamente poco tiempo. Sin embargo  es uno de esos autores que siempre me ha rondado por  la memoria y que cuando me tropiezo con él me detengo a leer reseñas y semblanzas. 

La casa de las Bellas durmientes, hacia mucho tiempo que quería leerlo,   quizá atraída por su título con evocaciones de infancia, quizá por  la promesa de su argumento de erotismo diferente. Siempre que me he planteado comprarlo ha sido en impulsos repentinos, y en esos momentos me he encontrado con que no estaba disponible en la librería, o era uno de esos libros requeridos con frecuencia pero siempre  agotado. Los años pasaron y por fin  se han cruzado los caminos del  libro deseado y la lectora inconstante. 

Me ha durado apenas una tarde, es un libro cortito, ( tanta ansiedad dosificada  para tan pocas páginas). Me ha dejado un regusto agridulce. En primer lugar una traducción tan mala que la editorial  debe ser consciente de ello, ya que solo figuran las iniciales del traductor, creo que es muy posible que sea una traducción desde el ingles, me  ha provocado de vez en cuando arrebatos de enfado. ¡No hay derecho!, unas imágenes tan hermosas desdibujadas, tanto  que  solo permiten evocarlas en una neblina de palabras  que a veces chirrían. El discurrir de los pensamientos y la sensaciones son bloqueadas a veces por una prosa que se nota es un mero instrumento de traslado rutinario. Creo que una editorial  se desprestigia traduciendo tan mal a un autor de culto como es Kawabata. Pero corramos un tupido velo dentro de lo posible a este desafortunado hecho ya que permite, pese a los errores, que el mensaje se transmita aunque nos impida deleitarnos con un acercamiento a la prosa del original.


El argumento de la novela: el viejo que acude a una casa misteriosa donde ancianos yacen con dormidas jovencitas  vírgenes narcotizadas,  resulta a priori escabroso cuando menos y evoca  un erotismo enfermizo y  pervertido.

Sin embargo el erotismo, evidentemente presente, da pie a los recuerdos de una siempre omnipresente vejez, a la decrepitud en comparación con la vida, a la  nostalgia de pequeños instantes de exquisito placer  de una ésteta sensualidad: las flores, la luz tamizada,   amantes evocadas fuera de acto sexual en si, por pequeños detalles de ternura.  La vida suspendida de las jóvenes dormidas  y el deseo de asir el momento en una muerte dulce. 

Cada muchacha  narcotizada, en la que intuye o adivina diferentes personalidades,  en sus gestos inconscientes, en la textura y el color de las pieles, de los cabellos, los olores, en los susurros incoherentes del sueño, a veces reales,  a veces imaginados, el ansia de despertarlas, la tentación de estrangularlas, la sangre que late bajo las cortinas rojas con el sonido del mar de fondo,  evoca un recuerdo diferente.  

Sin  embargo,  creo que no son ellas las sumisas. En un acercamiento inicial a estos burdeles atípicos en los que las mujeres son una suerte de elementos decorativos,  son las que sometidas a los deseos (encorsetados por la reglas de la casa) de  los ancianos que no pueden ya ser  hombres con mujeres reales, dominan.  Es la sexualidad de ellas la que dormida, pero viva  e ineludible, es lo que paraliza los instintos de los viejos y despiertan los mil matices del recuerdo.

Y al final, la muerte, en un circulo que se cierra. 

Me ha dejado  fascinada este tipo de sensualidad tan diferente, esa estética tan distante sumida en la profundidad melancólica y triste pero que es una canto a la vida. 

Hermoso pese a todo. 

4 comentarios:

Gabriel dijo...

No me llevo demasiado bien con la literatura oriental, salvo contadísimas excepciones. De todas formas, me apunto tus recomendaciones, Julia :)

Un beso.

B. Miosi dijo...

Hola, Julia,

De Hite Kawabata he leído La "casa de las bellas durmientes", (Nemurero Bijo)nombre original, y "El brazo".

Aunque no soy una experta en su literatura, existe un trasfondo macabro en las dos que he leído. La casa de las bellas durmientes es en realidad un cuento un poco largo, más que una novela, y como dices, encierra un profundo tema psicológico. El brazo tiene menos páginas aún y, creo que lo pusieron en el mismo tomo dedicado a una colección de Premios Nobel de Ediciones Orbis, S.A.
No sé si la que he leído esté bien traducida, aunque hay partes confusas, pero creo que es el estilo del autor. Tal vez habría que leerlo en su idioma original y pensar como japonés para entenderlo realmente. A mi ambas novelas me dejaron un regusto amargo. No porque hayan estado mal escritas, sino por la crudeza de los temas y la indiferencia humana. Y te habla una descendiente de japoneses.

Me ha encantado conocer tu blog,
Besos!
Blanca

Lola dijo...

¡Quiero leerlo!
De hecho quiero leer más de Kawabata porque Lo bello y lo triste me gustó muchísimo.
Ya le llegará su momento.
Un besazo.

Julia dijo...

Gracias a los tres.

Como dice Blanca el libro es cortito, y creo que lo significativo del traductor es que este aparezca solo con las iniciales. Se nota diferencia con una versión que me descargue ( sin cargo de conciencia porque llevaba mucho buscando el libro descatalogado y pude al fin ademas comprarlo).
En cuanto al estilo, yo recuerdo el deslumbramiento que me provocaron Lo bello y lo triste de Kawabata y Mishima.