viernes, 18 de julio de 2014

El pasajero - Jean-Christophe Grangé

El pasajero 
Jean-Christophe Grangé
Editorial Grijalbo
736 páginas
IBSN:9788425351617

«No soy un asesino.» Es la nota manuscrita que ha encontrado Anaïs Chatelet en su despacho de la policía judicial de Burdeos. Ahora nada cuadra en la investigación... Unos días antes, en la estación de tren, había aparecido el cadáver desnudo de un joven con la cabeza de un toro incrustada. Una macabra recreación del Minotauro. Poco después Anaïs se entrevistaba con el psiquiatra Mathias Freire para preguntarle sobre uno de sus pacientes del hospital. Un hombre misterioso al que Mathias había diagnosticado «fuga disociativa»: un tipo de amnesia en la que el enfermo se crea otra identidad. Desde ese momento Anaïs y Mathias se sumergen en un caso laberíntico. Solo saben que alguien ha estado matando desde hace tiempo, cada vez copiando un mito de la Antigüedad. La clave para encontrarle está en la mente de un hombre que ha olvidado quién era. El nuevo y espléndido desafío del maestro del thriller francés.

Jean-Christopher Grangé es uno de esos escritores de intriga de los que puedo releer sus novelas varias veces y siempre me queda la misma sensación de inquietud y de angustia, que es al fin y al cabo lo que se busca en el tipo de literatura que escribe. Desde que lo descubrí en por casualidad en La linea negra, novela que me dejo deslumbrada, he ido leyéndole lo que se ponía en mi camino: Los ríos de color purpura, El origen del mal, Esclavos de la oscuridad y ahora El pasajero

Grangé tiene habilidad para transmitir la sensación del mal en estado puro y trazar unas novelas que llevan al lector por caminos intrincados y giros inesperados. Sus personajes son siempre más de lo que a simple vista parecen, son seres torturados y sus historias siempre están rozando lo sobrenatural, lo inexplicable, aunque al final, sea la locura lo que siempre determine el desenlace. Son frecuentes también en sus argumentos las evocaciones de ese mal que llevamos impreso en el alma y que hace al ser humano capaz de las mayores perversiones, sobre todo cuando se enmarca en el escenario del poder absoluto de dictaduras, presentes con frecuencia en sus tramas, de infames razones de estado y de una ciencia megalómana que sitúa a sus actores por encima del bien y del mal. El individuo se siente perdido en los engranajes de un poder que lo supera, al que no es capaz de hacer frente de forma directa y limpia.

El pasajero es una historia de inquietantes de crímenes en serie, a los que el autor da una estética incomprensiblemente hermosa y terrible,  inspirada en el arte de la locura y en la divinidad. Se recurre para ello a los mitos clásicos, que van dirigiendo, en una huida desesperada, a los dos protagonistas. Un personaje perdido en una maraña de fugas psicológicas, que le han llevado a cambiar de personalidad, saltando de una a otra, en un sin cesar de procesos de amnesia y búsquedas de sí mismo, perseguido de forma implacable mientras se va deshaciendo de capas de identidad para llegar a la original. Una policía, traumatizada por su pasado familiar, que camina entre adicciones y pesadillas, que se ve impulsada a una escapada hacia delante en su obsesión por descubrir una verdad, dictada más por la intuición que por la evidencia y por la extraña atracción que siente hacia el otro protagonista. 

El escenario de la aventura abarca un amplio espectro de ambientes: desesperados sin posibilidad de redención, manicomios, ambientes refinados, bajos fondos, bares de citas, prostitución de lujo, suburbios de inmigración marginal. Los protagonistas, se ven superados por lo que van descubriendo conforme van cayendo los velos, a lo que se añade una burocracia policial ineficaz y obstruida por poderes ocultos. 

Es una de esas novelas que se lee con tensión, que te hace querer seguir leyendo de tirón para ver que es lo que llevará a sus protagonistas a descubrir la verdad, si el terror, que se agazapa dentro de los personajes, llegará a cristalizar. Sin embargo, personalmente, me agobia un poco tanto elemento incorporado de forma inesperada e incesante al río de la historia, ya por si enrevesada, el añadir a cada momento elementos nuevos y rocambolescos que complican aun más el desarrollo de la trama. Creo que hay alguna escena que sobra, sobre todo en el el último tercio del libro y se me han quedado elementos sin terminar de encajar bien en la peripecia (¿cómo consiguen los hombres de negro estar siempre en el momento adecuado tras los pasos del fugitivo?). El final me parece demasiado delirante, aunque reconozco que me ha gustado mucho como cierra la historia. Me gusta también ese tono tan diferente a las novelas de psicópatas anglosajonas, me parecen que son más elaboradas, menos obvias. 

En conclusión, 736 páginas leída de tirón en un par de días, que los ojos no dan para más,  y una novela que consigue lo que pretende ser, pura evasión de inquietantes aventuras y personajes desgarrados para descargar adrenalina  mientras se lee de manera intensiva.